Foces del río Pendón

Vale, ya estás aquí. En la rotonda, te confundiste de salida y tuviste que dar la vuelta pero es que, en casa, no se te ocurrió que fuera importante mirar el acceso. Si te pierdes en la carretera, no pasa nada, sin embargo, perderse por el monte ya es otra cosa… A ver si se va a hacer de noche y tú sigues por ahí, atrapado en la oscuridad, en esa oscuridad densa que solo aparece cuando el sol se esconde en el bosque. Por suerte, sí te acordaste de buscar el track: todo controlado, estás listo para emprender un nuevo camino.

Habías leído que la ruta no es muy complicada, por eso la elegiste. Llevabas un tiempo sin hacer demasiado ejercicio, respirando únicamente el aire gris de la ciudad, y pensaste que, si te decantabas por la subida a un pico, tal vez el oxígeno no te llegaría al cerebro en el caso de que consiguieras alcanzar la cima. Dejémoslo mejor para más adelante.

Cascada espontánea en la ruta del Río Pendón

El caso es que estás en el punto de inicio de esta ruta, preparado para echar a andar, pero antes, un último repaso ¿tienes todo? Vamos a ver: la ropa de senderismo ya la llevas puesta y te acabas de calzar las botas. ¿Qué más…? Llevas los bastones y los prismáticos, y también la comida: un plátano, un par de barras de Kinder Bueno y el bocata de chorizo. En el fondo de la mochila, está la cantimplora. Vas a echar un trago antes de ponerte en marcha. Espera un momento ¡está vacía! En otra ocasión, este habría sido un gran descuido pero la fortuna quiso que escogieras la ruta de las Foces del Pendón, así que ya puedes estar tranquilo porque, en esta ruta, agua no falta.

Admirando la cascada en la ruta del Río Pendón

La senda sale de la planta embotelladora Fuensanta y sigue el curso del río Pendón buena parte del trayecto. La mejor panorámica es, sin duda, la que ofrece el desfiladero a la izquierda del camino, aunque las cascadas, que se filtran por la pared de piedra a la derecha, son también dignas de contemplación. Al final de este tramo, hay un puente de madera. A partir de aquí, te alejas del río y continúas, primero a través de un hayedo y luego de una braña, hasta que te encuentras, ya hacia el final, con algunas casas de pastores deshabitadas y rebaños que pueblan las fincas de alrededor.

Río Pendón

Cruzando el río Pendón

Supongo que, ahora que estás llegando al coche ya de vuelta, estás sediento otra vez. No te preocupes, recuerda que aparcaste junto a la planta embotelladora: hay una fuente a tu entera disposición.

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